San Agustín expresó su idea en una comparación sencilla y dura: “Quitad la alcantarilla del palacio y lo llenaréis de hedor; quitad las prostitutas del mundo y lo llenaréis de sodomía”.
La prostitución fue criminalizada en España por la ley visigoda del rey Recesvinto en el año 654. Según este código, la prostituta capturada por primera vez era castigada con 300 azotes. En caso de reincidencia, recibía el mismo castigo, además de ser entregada como sirvienta a un hombre pobre y expulsada de la ciudad.
En 1076, en 39 municipios de la comarca de Sepúlveda, dentro del entonces Reino de León, se introdujo un código legal. Según este, una mujer que se encontrara en un baño público en el día destinado a los hombres o en sus alrededores durante la noche podía ser violada impunemente.
Otro código legal, aprobado en 1161 en el municipio de Ledesma, eliminaba la criminalización y establecía un impuesto sobre las prostitutas de dos perdices por semana en favor del juez.
En las principales ciudades, a partir del siglo XIII, comenzaron a aparecer burdeles.
El inicio de la prostitución regulada se sitúa a mediados del siglo XIV, según el historiador Eduardo Muñoz Saavedra en su obra “La ciudad y la prostitución en la España de los siglos XIV y XV”. Señala que esta medida respondía en parte a la necesidad de controlar un oficio moralmente rechazado por la sociedad medieval. Sin embargo, también servía para aislar a las mujeres consideradas de vida disoluta del resto de la sociedad respetable.
Otro motivo, según algunos historiadores como Noelia Rangel López, era el control de los impulsos sexuales de los jóvenes. Las prostitutas eran vistas como un “mal necesario” que canalizaba la violencia sexual lejos de las mujeres “honestas”.
Progresivamente, otras ciudades también expulsaron a las prostitutas de las calles y tabernas y crearon burdeles regulados: Sevilla en 1337, Murcia en 1444, Barcelona en 1448.
Santo Tomás de Aquino afirmaba: “Quitad las mujeres públicas de la sociedad y veréis cómo la depravación lo invade todo. Las prostitutas son como la cloaca del palacio”.
Las “Siete Partidas” del rey Alfonso X contienen varias normas sobre prostitución. Una esclava obligada a prostituirse por su amo era liberada. El proxenetismo sobre mujeres casadas, monjas, vírgenes o viudas respetables era castigado con la muerte. Las casas destinadas a la prostitución, si el propietario lo permitía, podían ser confiscadas.
Este código se aplicó en 1348 y permaneció vigente hasta 1822, aunque durante ese periodo se aprobaron otras leyes relacionadas.
En el Reino de Valencia, en 1311 y 1314 se expulsó a proxenetas, pero en 1325 el rey Jaime II estableció el primer barrio rojo de España, rodeado por un gran muro. Todas las mujeres consideradas de vida ligera debían trasladarse allí.
En 1337 la gestión pasó al municipio, y el sistema se extendió por la Corona de Aragón: Tarragona (1325), Barcelona (1330), Castellón (1401), Mallorca (1411).
En el siglo XV y XVI la regulación se extendió y finalmente en 1623 todos los burdeles fueron cerrados. Más tarde la prostitución volvió a regularse y prohibirse en varias etapas hasta el siglo XX.
En 2005, la Audiencia Nacional de España reconoció la prostitución como actividad económica legal en determinados contextos, lo que generó debate jurídico.
Algunos juristas señalan que incluso antes, tribunales españoles habían reconocido derechos laborales relacionados con esta actividad, apoyándose en jurisprudencia europea.
Finalmente, se considera que el primer organizador de la prostitución en la historia fue el legislador ateniense Solón, que estableció un sistema de uso público de mujeres a cambio de una tarifa fija.