Nos acercamos un poco al lado íntimo de la vida de Valencia y de sus habitantes…
«Nunca he visto ni vivido en una ciudad tan lujuriosa y hedonista como Valencia, la ciudad de los Borgia…», escribió el autor Giacomo Girolamo Casanova.
Nos trasladamos al año 1325, a comienzos del siglo XIV. En Valencia, junto a decenas de burdeles más modestos, existía un burdel privilegiado. Era considerado el más grande y lujoso de todo el Viejo Mundo.
La “ciudad de las mujeres perdidas (pecadoras)” estaba rodeada por una muralla y se situaba cerca del actual centro histórico, en el barrio del Carmen.
Antonio de Laloine, consejero del rey Carlos I, tras su visita a la “pobla de les fembres pecadrius”, escribió lo siguiente:
En este lugar hay 3 o 4 calles llenas de pequeñas casas. En cada una de ellas viven mujeres vestidas con ricos trajes de terciopelo y seda. En total, unas 200–300 mujeres. Tienen casas bien decoradas y están bien vestidas. (…) Cada una de ellas se sienta en la entrada bajo una hermosa lámpara para poder ser vista fácilmente con la luz. Además, en la ciudad trabajan dos médicos. Su función es visitar a estas mujeres cada semana para comprobar si alguna está enferma, con úlceras u otras enfermedades ocultas, y retirarlas de este lugar…
Allí se disfrutaban espectáculos de danza, obras teatrales, canto de mujeres, juegos de cartas y loterías. La entrada estaba permitida únicamente a hombres con recursos económicos, incluidos los de sangre real.
El origen de este gran burdel se remonta a la época de la reconquista de la ciudad a los musulmanes. Según varios historiadores, las prostitutas se trasladaron a Valencia junto con otros oficios tras la conquista cristiana.
Según Manuel Carboneres, hasta 1321 las prostitutas trabajaban en calles y posadas. Ese año Jaime II emitió un documento que limitaba su actividad a espacios concretos.
Sin embargo, muchos historiadores sitúan la consolidación del burdel en 1325, cuando Jaime II ordenó que las mujeres públicas permanecieran en los lugares asignados.
El burdel de Valencia se organizó como una pequeña corporación con administración propia y regulación estricta de higiene, precios e impuestos.
La Corona controlaba su funcionamiento a través de jurados que supervisaban la actividad y las normas internas.
Una de las razones de esta regulación fue separar la prostitución de las mujeres de la nobleza (cortesanas), estableciendo espacios diferenciados.
Hacia 1337 aparece la figura del Rey Arlot, encargado de supervisar la actividad del burdel durante aproximadamente un siglo.
El burdel de Valencia funcionó durante más de tres siglos hasta su desaparición en 1677 por orden del rey Carlos II.
FUENTES
- Manuel Carboneres
- Vicente Graullera — “Los dueños del burdel en Valencia”
- Eduardo Muñoz Saavedra — “La ciudad y la prostitución en la España de los siglos XIV y XV”
- Noelia Rangel López — “Moriscas, juventud y prostitutas…”
- José Ignacio Fortea, Juan Eloy Gelabert y Tomás Antonio Mantecón — “Furia y furor: violencia, conflicto y marginalidad en la Edad Moderna”
